¿Recuerdas cómo es ser un niño?

Estefhany Hernández Chapul

Supervisor de Capital Humano

Vamos a iniciar con una pregunta muy simple:
¿Recuerdas cómo es ser un niño?

Es una pregunta sencilla, pero complicada para muchos. Cuando crecemos, nos vamos olvidando de todo aquello que hacíamos y de todo lo que amábamos hacer.

Con el paso del tiempo, el adulto se vuelve rígido consigo mismo, se envuelve en el estrés del trabajo, olvida la diversión, la distracción y, muchas veces, también olvida que la vida es hermosa. Se pierden gustos, hobbies, y en ese proceso, poco a poco, uno también se va perdiendo a sí mismo.

Si volvemos a la pregunta inicial, permíteme contarte cómo vive un niño.
Un niño vive la vida al máximo: si se cae, se levanta una vez más; si recibe un regalo, por más pequeño que sea, es la persona más feliz del mundo. Un niño disfruta caminar rumbo a la escuela tomado de la mano de sus padres, porque sabe que esos momentos simples quedarán guardados para siempre en su corazón. Disfruta jugar con sus pares, no ve diferencias en rasgos físicos ni sociales; el niño simplemente vive.

Después de explicarte esto, ahora te pregunto:
¿Te gustaría vivir la vida como un niño?

Vivir como un niño es algo que a muchos adultos nos hace falta. Te invito a recordar esos bellos momentos que, por más simples que parezcan, te sacan una sonrisa solo de evocarlos: jugar con tus compañeros de escuela, estrenar libros nuevos, recibir ese juguete del mercado que tanto te gustó, incluso si no llegó de inmediato, pero terminó llegando.

Déjame decirte que ahí está el secreto para ser feliz: disfrutar cada instante que vives. Conectar con ese pequeño que soñaba con ser un adulto feliz, con ese niño que anhelaba comerse al mundo.

Vive tus momentos. Disfruta aquello que amas hacer. No permitas que nada ni nadie te limite o te impida ser quién eres. Que cada día, al despertar y abrir los ojos, puedas levantarte con el ánimo en alto y agradecer a la vida por ese niño tan feliz que te permitió llegar hasta aquí. Habrá momentos tristes, sí, pero cuando eso ocurra, permítete caer… y luego levantarte, tal como lo hacías de niño. Ese niño siempre se levantaba, se limpiaba las lágrimas y seguía adelante, superando cada adversidad y cada caída.

Hoy te invito a hacer una pausa, a mirar hacia adentro y a reencontrarte con ese pequeño que aún habita en ti. Escúchalo, cuídalo y permítele guiarte de vez en cuando. Quizá descubrirás que la vida siempre fue más simple, más bonita y más tuya de lo que creías.

Tal vez crecer no significa dejar de ser niños, sino aprender a llevarlos con nosotros. Tal vez la verdadera madurez está en recordar quiénes fuimos y permitirnos seguir soñando, jugando y levantándonos cada vez que la vida nos haga caer. Porque mientras ese niño siga vivo en nuestro interior, siempre habrá esperanza, alegría y ganas de seguir adelante.